Afrontando la escasez de agua - ENRIQUE CABRERA - |
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Afrontando la escasez de agua - ENRIQUE CABRERA - - Catedrático de Mecánica de Fluidos. Universidad Politécnica de Valencia- Este año se nos invita a reflexionar sobre la escasez de agua que, anticipa un futuro complejo. Y día a día se constata. Sufrimos una de las sequías más severas que hayamos visto. Año tras año los caudales de nuestros ríos menguan. Muchos acuíferos están sobreexplotados. Y, en fin, ahí está el cambio climático. ¿No bastan estas evidencias para, con sincera autocrítica, admitir que el actual enroque a nada conduce? ¿No es hora de sentarse a buscar juntos la solución mientras cada cual olvida su solución? ¿Acaso no es mejor una sosegada transición que una explosión incontrolada? El inmovilismo de hoy no lleva a ninguna parte. Y aún cuando la infinita complejidad del mundo del agua, con su cultura, leyes e intereses creados, aconseja no mover ficha, la realidad es que el atasco es monumental y que al final alguien deberá abrir el melón. Máxime cuando se sabe a donde ir (hacia la sostenibilidad) y se conoce el camino a recorrer que, por sinuoso, deberá andarse con paso pausado. Una andadura que debió comenzar en la lluviosa primavera del 96 que puso fin a la penúltima sequía que este país vio. Pero como cuando algo complejo funciona mejor no tocarlo, nadie se atreve a mover ficha. Y se comprende. El carácter atávico del agua impone a quienes, en el poder o aspirando a él, piensan que las cosas deben cambiar. Un inmovilismo, vistas las soluciones que se ofrecen, absoluto. Más obras (desaladoras o trasvases) que aporten más agua. Y así, anclados en el pasado, no hay otra vara de medir la bondad de la política hídrica que la capacidad de ejecutar obras. Ello explica las zancadillas que vemos. La más reciente, los obstáculos en la construcción de la desaladora de Torrevieja y su tosca comparación con una central nuclear marina. Con cotas de irracionalidad propias del Guinness, hay que esforzarse para que el adversario no inaugure. Presididos por una política exhausta, todo vale. Unos, con dinero de todos, quieren transformar secanos en regadíos de imposible justificación, otros blindar ríos y derogar unilateralmente trasvases activos, bien porque tienen más a mano lo que es de todos, bien por mimetismo, ignorando siglos de historia y de buen hacer. Y por fin otros hay que pretenden llevar su desarrollo territorial más allá de lo que la naturaleza permite, pese a que tienen un mejor clima y una línea de costa envidiable, bienes que, dicho sea de paso, no siendo trasvasables no son objeto del deseo del vecino. Precisamente por eso debieran comprender a quienes quieren conservar otros bienes naturales, como el agua, aunque sean transferibles. Hay que admitir ya que, en el contexto actual y con la política de siempre, el problema del agua no tiene solución. No hay convergencia posible. Todos tienen sus razones y nadie la razón. Así se evidenció en un debate del Club Siglo XXI. Ante un atónito auditorio los consejeros del ramo de las regiones más encrespadas (la nuestra, Castilla La Mancha y Murcia) expusieron sus argumentos. Pero como no se escucharon sus posiciones no se movieron, acabando más convencidos de su verdad y de que miman como nadie hasta la última gota. Algo difícil de entender cuando ni saben cuanta agua gastan ni cuánto se puede ahorrar con una política económica que, en línea con la Directiva Marco, racionalice el sistema. Nadie defendió la necesidad de establecer criterios que justifiquen económica, social o ambientalmente qué usos, en detrimento de otros, se deben subsidiar. Porque hay agua para todos, pero no para todo. Urge, pues, establecer reglas de juego que racionalicen el uso. Porque el margen de ahorro que existe mejorando la gestión es infinitamente superior al agua que aporta cualquier obra. Pero, claro, hay que ir a la raíz del problema y, ya se sabe, nadie quiere experimentar ni con cava ni con agua, que para eso está la gaseosa. Pero habrá que hacerse el ánimo porque la crisis está ahí, y con la escasez que hoy se nos recuerda no se puede tensar más la cuerda. La crispación impide encontrar soluciones y, con lo que este invierno ha llovido, el verano será largo. Por ello, ahora más que nunca se necesita generosidad y visión de futuro. Más nos valdrá que así sea. |
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| ENRIQUE CABRERA |
22-04-2008 |
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