ZAPLANA, EL MEJOR COLOCADO - Juan Antonio Blay - |
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Mariano Rajoy se ha quitado de en medio al alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, y a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, en la carrera por la sucesión -seamos serios, la milonga de ir en las listas para «ayudar» es una ofensa a la inteligencia-. Bien, ¿y qué? ¿Se cree, acaso, Rajoy que en el caso de salir derrotado en las urnas el 9 de marzo próximo no va a haber sucesión? Una cosa es que Gallardón y Aguirre, encerrados como están dentro de la almendra de la M-30, hayan perdido los nervios y algo más en una pelea jaleada por sus propios correligionarios, políticos y mediáticos, hasta el punto de descartarse al inicio de la partida. Pero la desaparición de ambos no elimina la cuestión de fondo, que no es otra que: primero, existe la convicción en el PP de que Rodríguez Zapatero vencerá a Rajoy y, segundo, hay que obrar en consecuencia, cambiar de cartel lo antes posible. Y esta apreciación no ha cambiado. Es más, el desenlace de este episodio ha venido a acentuar lo que se presumía: Rajoy ha servido para lo que ha servido y una vez cumplida su misión, a otra cosa mariposa. Entonces, ¿qué tenemos? Pues tenemos a un personaje que el pasado lunes decía, lisa y llanamente, que estaba «tranquilo y relajado» mientras que el resto del partido andaba de los nervios. No es otro que Eduardo Zaplana Hernández-Soro, quien se ha colocado de número cuatro en la candidatura por Madrid, lo cual le ha hecho más feliz que unas pascuas. Es mentira podrida que hubiese deseado ir encabezando la candidatura por Valencia. ¡Qué va, hombre, encima tener que sudar la camiseta con la que ha estado organizando estos cuatro años! Eso que lo hagan los nuevos como Manuel Pizarro, que está como un niño con zapatos nuevos y encima no le han costado un céntimo. La realidad pura y dura es que el mejor colocado para el día después, digan lo que digan, es Zaplana, una persona de trayectoria de «éxito» y «triunfos» electorales continuados (sic), como él mismo se ocupó en destacar en su desayuno con periodistas parlamentarios, un puñado de colegas ante los que desplegó todo su florido repertorio de recursos para entretener al personal sin arrugarse el traje, reproduciendo en su figura la explicación del dogma de la Inmaculada: cómo traspasa la luz del sol el cristal de la ventana sin dejar mancha ni mácula. La clave será el 11 de marzo, es decir, el día después del día después. Esa jornada es a la que hay que prestar atención principal, pues en el caso de que Rajoy no haya logrado obtener los escaños necesarios para desalojar a ZP de la Moncloa será el momento en el que se precipitarán los acontecimientos. Las portadas de algunos periódicos nacionales serán significativas -sí, la de esos rotativos que automáticamente surgen a la mente-, con lo que con el sencillo ejercicio de acercarse por la mañana al quiosco -acción saludable e higiénica donde las haya- cualquier ciudadano puede barruntarse por dónde discurrirá el futuro del PP. Previamente será interesante anotar puntualmente todas y cada una de las ocasiones en las que Manuel Pizarro aparezca junto a Eduarzo Zaplana en mítines y actos electorales en la circunscripción de Madrid como solidarios compañeros de viaje hacia el devenir de los tiempos. A modo de aperitivo, Zaplana lanzó el pasado lunes un sorprendente e inusual canto laudatorio a sus compañeros de grupo parlamentario para destacar «la calidad humana» percibida entre sus integrantes. Sencillamente impresionante. |
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| JUAN ANTONIO BLAY |
23-01-2008 |
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